El muchacho estaba ahí sentado, al lado mía, mirándome con una sonrisa ciertamente malévola. Yo, que siempre he sido una persona abierta, me acerqué a él y comencé a darle conversación. Es lo mínimo que puede hacerse a quien siempre te acompaña, tanto en las buenas como en las malas.
Mis amigos, mientras tomaban su zumito de naranja, empezaron a mirarme extrañados. Al menos yo sentía que ellos notaban algo raro. No sé... "¿Has pensado alguna vez en coger los lápices y largarte de aquí, dejar a todos estos tontos? inquirió el Manías con una sonrisa propia del más escalofriante Smigol. Era un chico algo excéntrico pero sabía que en el fondo era buena persona.
"No sé", respondí. Me estaba incomodando, y no quería que me dejara mal delante de mis amigos de clase, así que le grité que se fuera. Eso fue la gota que colmó el vaso. La profesora me miraba con una mueca indescifrable para mí.
"Vale, vale...ya me voy, ya..." dijo con una sonrisa burlona el manías, mientras se rascaba compulsivamente la cabeza.
Mis amigos, mientras tomaban su zumito de naranja, empezaron a mirarme extrañados. Al menos yo sentía que ellos notaban algo raro. No sé... "¿Has pensado alguna vez en coger los lápices y largarte de aquí, dejar a todos estos tontos? inquirió el Manías con una sonrisa propia del más escalofriante Smigol. Era un chico algo excéntrico pero sabía que en el fondo era buena persona.
"No sé", respondí. Me estaba incomodando, y no quería que me dejara mal delante de mis amigos de clase, así que le grité que se fuera. Eso fue la gota que colmó el vaso. La profesora me miraba con una mueca indescifrable para mí.
"Vale, vale...ya me voy, ya..." dijo con una sonrisa burlona el manías, mientras se rascaba compulsivamente la cabeza.
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