miércoles, 7 de marzo de 2012

El Hombre Flor II. Pies de cerdo

Lo siguiente que recordaba nuestra bella Margarita Alboreno, después de su primera gesta pública era que se encontraba sentado y aturdido, en un cuarto bastante oscuro, frente a dos policías muy atractivos. Tenía que salir de allí lo antes posible.

-¿Cómo te llamas, colgao?

-Depende...¿cómo quieres que me llame?

-Joder...con la locura que has hecho te vas a tirar bastante tiempo entre la cárcel y el manicomio. ¿Por qué hiciste eso?

-Eh eh un momento. Para el carro. Muchas preguntas. ¿Quiénes sois tú y tu amiguito? y sobre todo...¿dónde está mi abogado? No diré nada sin él delante.

Esa era la primera lección que Alboreno aprendió que debía a decir cuando conoció, en un bar de ambiente, a su buen amigo y abogado, Neethoven. No sabía su verdadero nombre, era el nick que usaban para hablar por internet y cuando quedaban para echar algún que otro caliqueño a oscuras. El misterio de no saber su nombre le ponía cerd@.

-¿Tienes su número?-dijo el agente silencioso

-Necesito internet.-repuso Alb.

-Joder con el colgao este, nos va a dar más quebraderos de cabeza de los que pensábamos. ¡No hay internet, capullo!

-Si que hay. Consíguelo.

Una de las mayores fantasía florero-sexuales de Alb era montárselo en un cuarto oscuro con dos policías cachas y esta parecía una oportunidad inmejorable.

Fue por eso que Albi, convencida de su sex appeal innegable, miró con ojitos de cordero al agente más callado y le acercó la mano a la bragueta para hacerle suyo y recibir lo propio de aquellos Guardianes de la Ley. Por el contrario, recibió en contraprestación una paliza antológica de los policías que hartos de aquel psicokiller, veían que no iban a sacar nada en claro.

Afortunadamente y pese a las heridas, su amigo Neethoven, había visto en televisión la ida de pinza de su amigo telesexual y tirando de algunos contactos del mundo jurídico, llegó hasta la comisaría Central donde estaba recluida la floral princesa.

Cuando llegó y vió el estado físico deplorable en que había quedado su amig@, tirado en un rincón de aquel cuartucho, sólo pudo echarse a llorar.

-¡¿Pero que te han hecho esos salvajes?!http://www.blogger.com/img/blank.gif

-Déjame, no me mires. Estoy bien.

-Voy a joder a esos hijos de puta. Tu tranquilo, de esto me encargo yo.

-Bésame.

Entonces el sensible abogado, compungido, se abrió la cremallera del pantalón y allí mismo, la inexperta y triste flor le practicó una fellatio buccae a modo de honorarios. Ese fue el único momento en que los policías desearon no estar detrás del espejo tintado.

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