Lo siguiente que recordaba nuestra bella Margarita Alboreno, después de su primera gesta pública era que se encontraba sentado y aturdido, en un cuarto bastante oscuro, frente a dos policías muy atractivos. Tenía que salir de allí lo antes posible.
-¿Cómo te llamas, colgao?
-Depende...¿cómo quieres que me llame?
-Joder...con la locura que has hecho te vas a tirar bastante tiempo entre la cárcel y el manicomio. ¿Por qué hiciste eso?
-Eh eh un momento. Para el carro. Muchas preguntas. ¿Quiénes sois tú y tu amiguito? y sobre todo...¿dónde está mi abogado? No diré nada sin él delante.
Esa era la primera lección que Alboreno aprendió que debía a decir cuando conoció, en un bar de ambiente, a su buen amigo y abogado, Neethoven. No sabía su verdadero nombre, era el nick que usaban para hablar por internet y cuando quedaban para echar algún que otro caliqueño a oscuras. El misterio de no saber su nombre le ponía cerd@.
-¿Tienes su número?-dijo el agente silencioso
-Necesito internet.-repuso Alb.
-Joder con el colgao este, nos va a dar más quebraderos de cabeza de los que pensábamos. ¡No hay internet, capullo!
-Si que hay. Consíguelo.
Una de las mayores fantasía florero-sexuales de Alb era montárselo en un cuarto oscuro con dos policías cachas y esta parecía una oportunidad inmejorable.
Fue por eso que Albi, convencida de su sex appeal innegable, miró con ojitos de cordero al agente más callado y le acercó la mano a la bragueta para hacerle suyo y recibir lo propio de aquellos Guardianes de la Ley. Por el contrario, recibió en contraprestación una paliza antológica de los policías que hartos de aquel psicokiller, veían que no iban a sacar nada en claro.
Afortunadamente y pese a las heridas, su amigo Neethoven, había visto en televisión la ida de pinza de su amigo telesexual y tirando de algunos contactos del mundo jurídico, llegó hasta la comisaría Central donde estaba recluida la floral princesa.
Cuando llegó y vió el estado físico deplorable en que había quedado su amig@, tirado en un rincón de aquel cuartucho, sólo pudo echarse a llorar.
-¡¿Pero que te han hecho esos salvajes?!http://www.blogger.com/img/blank.gif
-Déjame, no me mires. Estoy bien.
-Voy a joder a esos hijos de puta. Tu tranquilo, de esto me encargo yo.
-Bésame.
Entonces el sensible abogado, compungido, se abrió la cremallera del pantalón y allí mismo, la inexperta y triste flor le practicó una fellatio buccae a modo de honorarios. Ese fue el único momento en que los policías desearon no estar detrás del espejo tintado.
Hola juapo, ¿unas fantas?
ResponderEliminarNo sabía yo de esas fantasías sexuales dendrofílicas tuyas :3
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